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La procesión del Corpus y una fachada de la calle Cervantes

ddsVarias personas, que no tienen la posibilidad de estar presentes en todos los eventos que se realizan en Agudo durante el año, han manifestado su interés por el acontecer y  las tradiciones locales. De otro modo, en los últimos tiempos las modas, siempre efímeras y pocas veces consecuentes, están liquidando bruscamente costumbres y usos que se habían consolidado a lo largo de los siglos. Ambos motivos me han inducido a expresar cuanto he visto y me han contado sobre la procesión del Corpus o de El Señor  como se decía hace unas pocas décadas en Agudo.

He escogido esta foto porque ya no podremos realizar una toma semejante. Seguramente los dueños continuarán adornando la puerta con retama, como han estado haciéndolo hasta hoy y lo hicieron sus antepasados antes que ellos, pero la fachada ya no será igual. Las ineludibles reparaciones del tejado han posibilitado la realización de una planta superior más alta y cómoda que, sin duda, modificará la apariencia futura del frente de la casa. Me han dicho que, siguiendo la opinión de profesionales, se está tratando de conseguir la mayor concordancia estética entre el cuerpo inferior antiguo y el nuevo. Espero que la obra llegue a buen término y sea un referente de que lo nuevo y lo viejo pueden convivir en Agudo como lo están haciendo en otras poblaciones más motivadas con su legado cultural.

En cuanto a la procesión del Corpus, seguramente ha experimentado pocos cambios en su recorrido, instituido por primera vez en el siglo XVI. Saldría por la Puerta de Palacio -la puerta principal de la iglesia hasta no hace tanto tiempo- seguiría por la calles del Hospital, Cendrero, Cervantes, Santa María y de Risco, tornando a la iglesia por la puerta de la plaza. El último tramo de la calle Risco y la plaza no lo tengo muy claro, pues las sucesivas fases de construcción de la iglesia actual, entre otras causas, debieron producir alteraciones importantes en el urbanismo de la zona. Así mismo, durante un número indeterminado de años, ya en el siglo XX, la procesión no salía por la puerta del lado de la epístola debido al deterioro que presentaban los batientes de la misma.

La carroza que porta la custodia es una incorporación muy reciente; en tiempos anteriores iba bajo palio y la llevaba el sacerdote en las manos, arropada con su propio paño de hombros. Me han contado que, como en la Octava del Corpus, se disponían altares en lugares puntuales de la ruta con el propósito de que el sacerdote pudiera hacer breves descansos, depositando en ellos momentáneamente la custodia.

Las calles afectadas se mostraban bien limpias y engalanadas y, en ocasiones hubo cierta rivalidad en el adorno de las puertas. Los muros y las bocacalles se cubrían de ramaje -retama, castaño, gigante, etc.-, vetando el acceso de carruajes y caballerías que debían buscar vías alternativas. Según cuentan, las fachadas cubiertas de castaño resultaban espectaculares por la densidad de su follaje. En las aceras se esparcían especies aromáticas –tomillo, espliego, mejorana, etc.- que, al ser pisadas, desprendían su fragancia. En las casas con balcón se tendían las colgaduras que, en Agudo, se identificaban con la ropa de hogar de mejor calidad de cada uno; las banderas, estandartes y similares constituyen un añadido bien tardío. A lo que parece colgaduras y ornamentación con ramajes y aromáticas fue prerrogativa secular de las procesiones del Corpus y su Octava; ninguna otra, incluidas las de la Virgen de la Estrella, exhibió semejante esplendor o al menos así lo recuerdan nuestros informantes.

En los últimos años las fachadas cubiertas de ramaje pueden contarse con los dedos de una mano y la mayoría de las veces no superan el par. También las colgaduras han disminuido drásticamente, a pesar de haberse incrementado notablemente los balcones donde poder desplegarlas. Hemos de reconocer que las macetas de los patios han paliado en algunos casos la ausencia de ornato en las vías procesionales, pero son pocos los vecinos que deciden sacar sus plantas a la calle, donde el sol puede achicharrar una planta de interior en un rato. En cuanto a los altares, al menos yo no conservo su recuerdo. Resulta evidente que las celebraciones locales del Corpus han decaído mucho en los tiempos que nos han tocado y a algunos –residentes y visitantes ̶  nos produce cierto pesar observar como desaparecen tradiciones centenarias y singulares mientras se van asimilando como propios otros usos adocenados, difundidos por agentes interesados y ajenos a nuestra cultura.

Autor: Isabel Cabrera.

 

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